La última vez que vi a Fidel

La vida y muerte del ex Comandante marcaron para siempre a Yasmari Medina, atleta cubana que conoció a Castro cuando tenía diez años y que se enteró a través de los medios chilenos sobre el deceso del líder, a horas de enfrentar un partido válido por la medalla de bronce en una Copa del Mundo de su especialidad. Aquí recuerda cómo fue su primer acercamiento con una de las máximas figuras políticas de la historia y las emociones que la invadieron al conocer la trágica noticia del 25 de noviembre pasado.

1994. Coliseo de la Ciudad Deportiva, La Habana. Yasmari Medina se encontraba tercera en la fila. Delante ella, dos personas la separaban de un señor de estatura prominente y presencia solemne, cuyo uniforme, de impecable verde olivo, era complementado por la frondosa barba que dejaba caer desde su rostro y los botines negros que sostenían su figura. Medina, que tenía diez años al momento del encuentro, había sido invitada por el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER) junto a otros atletas para conocer en persona al máximo líder de la Revolución en Cuba, epítome del socialismo latinoamericano y piedra angular de la historia contemporánea universal. El líder invicto, como a ella le gusta decir.

Junto a su bolso, aguardaba una ansiosa espera por conocer a su ídolo, “porque en mi época todavía se enseñaba a respetar y agradecer a quienes han entregado todo por hacer de Cuba el país que es ahora”, dice con rabia. Fue la primera y única vez que vio Fidel Castro en persona. Le estrechó la mano y escuchó con atención sus palabras. “Yasmari, ¿cierto? Me han dicho que usted tiene un gran futuro como jugadora de frontenis. Siga su senda, porque el deporte es una de las tantas herramientas para liberar al pueblo. Siempre represente a Cuba con la entrega que merece y no olvide el sacrificio que esta causa necesita”. Despedida y lágrimas.

2016. Habitación 63, Hotel Nogales, Providencia. El buzo blanco sobre la cama de la habitación decía Cuba en azul y rojo. La tele fue encendida como un componente más de la rutina que la delegación insular había adquirido desde el 20 de noviembre, cuando llegaron a Santiago para disputar la Copa del Mundo de pelota vasca organizada en el país. Lo que vieron, sin embargo, descolocó a todo el equipo.

A los 90 años muere Fidel Castro,  decía un titular de la televisión chilena. Medina, a sus 33, veía por última vez a la máxima figura política-social de la historia reciente a través del aparato y su frívolo mensaje, a 6.157,26 km de distancia y con la impotencia de “haberle fallado, de no haber estado ahí cuando más lo necesitaba”. 

Según recuerda, se sentó a los pies de la cama y miró las imágenes con las manos sosteniendo su cabeza, ahogada en un llanto tan emotivo como aquel de hace 22 años atrás, cuando conoció en carne y hueso a quien siempre lleva consigo -ahora de forma póstuma- a través de una foto en su billetera.

Rápidamente el equipo se reunió y se fundieron en una promesa: vencer en el partido por la medalla de bronce ante Francia y dedicarle el triunfo a Fidel. Las horas pasaron lentas y los ojos no se deshincharon, hasta que Medina y Lisandra Lima, su compañera, pisaron el frontón del Estadio Español de Las Condes y doblegaron a las galas en un compromiso “extraño, donde no queríamos estar pero sentíamos un deber inmenso de retribuir tanto amor por la patria de nuestro líder”, apunta Medina.

_dsc0066A penas terminó el encuentro, toda la delegación de la isla saltó a la cancha y lloró desconsoladamente, abrazados. Una bandera se dejó ver en la pista y Medina la paseó con orgullo, con sollozos y pañuelos de por medio. La organización decidió tomarles una foto con el estandarte como protagonista. Los semblantes serios, de profunda tristeza, se transformaron a rabia y emoción desgarradora cuando uno de los técnicos gritó “¡Este no es un día cualquiera! ¡Uno, dos, tres, Viva Fidel!”. Silencio en el público y eco estremecedor.

En el camarín, con la medalla de bronce colgada en el cuello, las jugadoras le prendieron una vela a la foto que Medina llevaba consigo. Recordaron a José Martí y al Che Guevara, hablaron con su jefe para adelantar el vuelo de vuelta hacia La Habana y se tomaron de las manos para pronunciar un pequeño discurso, íntimo, emotivo.

“El recuerdo de agradecimiento infinito a la obra socialista liderada por el Comandante, líder invicto jamás vencido. Amante del deporte y de eterno resplandor. Que su fuerza no se apague y viva entre nosotros. ¡Viva Fidel, viva!”. Soplido a la llama. Despedida y lágrimas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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